Un inicio y un fin. Irremediablemente. Ni las lágrimas derramadas, ni las flores que se van secando junto a una lápida cambian el final. Aliento que se esfuma, tierra que sepulta, fuego que consume. Se van, nos iremos, se irán...

Pero muchas personas consiguen dejar una pequeña huella que resiste al paso del tiempo. Puede ser un sonido... el de unos zapatos herrados, pisando firmes y con presencia. Un color... el del hábito marrón de la virgen del Carmen con su escapulario. Un olor... el de aquellas papas fritas en aceite de oliva a la hora de cenar. Una imagen... un cuerpo flaco y encorvada por el peso de una manada de hierba y de los años. Una palabra... "reblujado", como su lengua en los últimos años de su vida. Un sabor... el de los caquis, su fruta preferida, que como homenaje a su partida nos endulza cada año por esta fecha...