El miércoles por la noche, mientras la luna se eclipsaba, nosotros reíamos... y reíamos...

Le hicimos caso a la terapeuta y nos olvidamos momentáneamente del hemisferio izquierdo del cerebro (el de la lógica, razonamiento...) para centrarnos en el derecho (el de la emoción, imaginación...) y dejamos salir al niño que llevamos dentro. Bailamos, saltamos, jugamos, reímos, lloramos (de tanto reír)...

¡Endorfinas por doquier!

¡Gracias, Tini!

Patch Adams